La semana pasada, en nuestra Junta de Dueños, les compartí una reflexión que me dejó pensando mucho.
En una carrera de Fórmula 1 hay un momento en que el piloto tiene que entrar a pits.
Desde fuera parecería que está perdiendo tiempo. Mientras los demás siguen avanzando, él se detiene.
Tal vez hay que cambiar las llantas, revisar algo que está sonando diferente o prepararse porque las condiciones de la pista están cambiando.
Y pensé: qué importante es aprender a entrar a pits antes de que algo nos obligue a hacerlo.
Porque no es lo mismo una parada estratégica que una parada obligada.
Cuando entras a pits como parte de la estrategia, haces los ajustes a tiempo y puedes regresar a la pista a seguir compitiendo por el liderato. Pero cuando esperas hasta que una llanta se poncha, algo falla o las condiciones te obligan a parar, recuperarte cuesta mucho más.
Y creo que ahí está la diferencia:
no esperar a que algo vaya mal para entrar a pits.
Porque en la vida y en la empresa podemos acostumbrarnos tanto a correr, que dejamos de preguntarnos si seguimos corriendo hacia donde realmente queríamos llegar.
Las urgencias, las cuentas, los pendientes, las metas… poco a poco pueden hacernos olvidar el propósito por el que empezamos.
Entrar a pits es detenernos un momento y hacernos algunas preguntas:
¿Qué significa realmente el éxito para mí?
¿Sigo viviendo el propósito por el que empecé?
¿Estoy corriendo hacia donde realmente quiero llegar?
Y también recordar que no podemos controlarlo todo. Hay cosas que nos corresponden y tenemos que hacerlas lo mejor posible, y otras que tenemos que aprender a soltar.
Pero hay algo más que me encanta de los pits: el piloto nunca está solo.
Cuando entra, hay todo un equipo esperándolo.
Y eso me hizo pensar en Alfa.
Cuando decidimos formar parte de una franquicia, también decidimos no correr solos. Tenemos una metodología, experiencia acumulada y, sobre todo, una comunidad que puede ayudarnos a ver lo que, cuando vamos a toda velocidad, nosotros quizá ya no alcanzamos a ver.
Porque nuestro propósito nunca ha sido solamente vender propiedades.
Es hacer las cosas diferentes, trabajar con transparencia, cuidar el patrimonio de las familias y construir empresas que dejen huella.
Por eso esta semana quiero dejarte una pregunta:
¿Sigo viviendo el propósito por el que un día decidí empezar esta carrera?
Quizá vale la pena entrar un momento a pits y contestarla.
Sarioli.


